1 de octubre Día del Adulto Mayor

En homenaje a las grandes historias que escribieron los adultos mayores, para que hoy la Región Brunca se muestre al mundo,  compartimos en esta edición la de doña Luisa Cordero León.

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Doña Luisa es devota del Padre Pio y asegura que él la sanó a ella y a su hija

 

La población adulta mayor de Costa Rica ha incrementado en los últimos años, y con ello, aumentaron las condiciones de pobreza, maltrato y abandono de los habitantes mayores de 60 años incumpliendo la Ley Integral de La Persona Adulta Mayor. Como una iniciativa para fomentar el respeto hacia dicha ley y mejorar la calidad de vida de los ancianos en el país se declaró el 1° de octubre el Día Nacional de la Persona Adulta Mayor respaldado por El Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM) que se encarga de garantizar una vida digna a esta parte de la población. Las municipalidades, la Caja Costarricense del Seguro Social y el Ministerio de Salud, son las instituciones encargadas de vigilar por el cumplimiento de esta ley.

En homenaje a las grandes historias que escribieron los adultos mayores, para que hoy la Región Brunca se muestre al mundo,  compartimos en esta edición la de doña Luisa Cordero León.

Doña Luisa Cordero León

A sus 94 años, puede leer sin necesidad de anteojos

Doña Luisa Cordero León es vecina de Tierra Prometida, tiene 94 años, es mamá de diez hijos a los que enseñó el trabajo duro.

De niña vivió en La Legua de Aserrí,  y trabajó cogiendo café con su padre. Después su papá le dejó la responsabilidad de la familia y tuvo que abandonar la escuela para hacerse cargo de ellos ya que su madre no estaba capacitada para trabajar.

“Mi papá me dejó la obligación, eran cinco hijos, para mantenerlos yo corté calinguero, sembré y corté arroz, cogí café, sembré frijoles, de todo hice para mantener a mis hermanos y después a mis hijos”

Años después se casó y vivió en El Alto de San Juan,  se vinieron, según dice,  porque aquí había más porvenir. Durante la guerra civil de 1948 dio a luz a su primera hija, sirvió en esa época como cocinera para los soldados en la Revolución del Cuarenta y Ocho:

“Los soldados venían y había que darles de comer y beber, y tenía mucho miedo; ellos se comían todo lo que teníamos en la casa, los huevos, la leche, el dulce que molíamos”   Por ello,  hoy recibe una pensión de guerra que le ayudó a mantener a su familia durante un largo tiempo.

Posteriormente se trasladó a Las Esperanzas de Pérez Zeledón donde nacieron sus otros 9 hijos. En algunas ocasiones tuvo que caminar durante horas para llegar a la parada de autobús con dos niños pequeños y sin zapatos. Caminaba largos tramos para llegar a la finca en la que cogía café.  Igual tenía que hacer   para  para lavar en la quebrada y llevar agua a su casa.

Aún a su edad, le gusta hacer los tamales de cerdo por sí misma

Todavía a los 90 años doña Luisa se trasladaba desde Tierra Prometida hasta San Rafael Norte, a pie para ir a coger café y explica feliz: “Yo conozco la finca de don Nayo Granados y la del Doctor Delgado, he cogido café en todos los cortes ahí a la una tenía 17 cajuelas”.

Doña Luisa puede leer sin necesidad de anteojos, hace tamales ella sola, siembra y cosecha maíz, además tiene recuerdos muy completos de su pasado y de todos sus hijos. Es devota del Padre Pio y asegura que él la sanó a ella y a su hija. Su principal entretenimiento es hacer vestidos para muñecas y regalárselos a sus nietas.

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