Hacia la construcción de una cultura ambiental

Como producto de esta nueva responsabilidad ambiental, y como una respuesta a los errores humanos que han impactado a la naturaleza desde que no hemos tenido conciencia y hasta el presente, la promoción de un consumo responsable, debería ser una cultura que deberíamos estar intentando cultivar en los nuevos ciudadanos que se están formando.

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Giovanni Obando Román, Asesor Regional de Ciencias
Dirección Regional Educativa de Pérez Zeledón

Uno de los temas que dichosamente y de forma recurrente encontramos en noticias, foros, películas, conversaciones informales, programas de gobierno, aulas de clase y hasta en propagandas comerciales, es el relacionado con el ambiente, su preservación y el efecto de los humanos sobre él.

Y es que hablar del ambiente no es asunto de moda o de costumbre, sino de una necesidad planetaria por detener el deterioro en el que nuestra sociedad ha sometido a la naturaleza, como una forma de incrementar las ganancias comerciales a partir de la explotación de los recursos naturales.  Algunas de las manifestaciones comerciales son la cacería de animales exóticos para la exportación, independientemente si son extraídos completos o en partes.  En países de Asia y África se trasiegan elefantes, rinocerontes, piezas de marfil y órganos. En Costa Rica, se han extraído lapas, pericos, monos, serpientes, mariposas y otro sinfín de especies vivas, siendo este un fenómeno que se repite en todos los demás países del mundo.  En ambientes acuáticos se explotan especies de peces, crustáceos, algas marinas y corales.

Si hacemos referencia a los materiales abióticos, es decir, productos de minerías, como el agua, metales, arena, vidrio, piedras preciosas y otros que representan en el mercado millones de dólares, moviéndose por todo el globo, generan un movimiento en los suelos que alteran progresivamente la forma del planeta, pero un efecto más delicado de la actividad, es la alteración de las zonas de vida de muchos organismos que dependen de esa tierra removida.

Esto, de primera entrada, parece un fenómeno que no podemos controlar y que en ocasiones, hasta puede sentirse lejano.  Pero la realidad nos dice que somos parte de un mundo que ha roto las barreras comerciales y las fronteras de nuestros países no son impedimento para adquirir un producto que sea de nuestro interés.  Entonces, nuestro papel en la conservación de los productos naturales adquiere un nuevo significado más allá de sembrar árboles, de proteger animales o de no comprar especies silvestres protegidas.

El nuevo papel de ciudadanos globales y conscientes de cuidar el entorno, que tampoco tiene fronteras, nos exige a repensar en el consumo que estamos haciendo, el material con el cual ha sido elaborado un producto, el origen del mismo y la forma en que ha de ser dispuesto una vez que sea necesario desecharlo.  En la actualidad, una persona comprometida ambientalmente no compra una crema fabricada a base de tortuga ni utilizaría un anillo de carey, ni tampoco debería adquirir una pintura que contenga plomo en sus componentes.  Cuando tomamos agua, reflexionamos si esta debería contenerse en recipientes de vidrio y no de plástico, y el pan que se adquiere sería mejor que estuviese empacado en bolsas de papel y no de polietileno.

Entonces, como producto de esta nueva responsabilidad ambiental, y como una respuesta a los errores humanos que han impactado a la naturaleza desde que no hemos tenido conciencia y hasta el presente, la promoción de un consumo responsable, debería ser una cultura que deberíamos estar intentando cultivar en los nuevos ciudadanos que se están formando en nuestros hogares, en los campos deportivos, en los centros de convivencia religiosa, en los sitios comerciales y por supuesto, en los centros educativos, en todos los niveles.

En la enseñanza de los años 70 se nos decía que el agua era un recurso renovable, pero si le preguntamos a muchos compatriotas nuestros nos dirían que es un recurso con el cual no cuentan.  Si consideramos que el plástico es un empaque muy eficiente para transportar objetos, podemos revisar los ríos en donde estos desechos son parte del panorama tradicional.  Si consideramos que la gasolina es un excelente combustible, es importante revisar en cuanto ha aumentado la temperatura del planeta y sus efectos colaterales desde que el petróleo es una de las principales fuentes energéticas globales.

Por eso, la enseñanza acerca de la protección de los recursos naturales, del cuidado del ambiente, de la protección de las especies y otros temas relacionados, debe considerar un manual de como sembrar un árbol pero también como separar los residuos, debe mostrar cómo proteger los animales silvestres pero también al mismo tiempo cual es producto que es más amigable con el medio y además, debe generar conciencia en el ciudadano, de que las acciones en el patio de la casa, tienen repercusión en el resto del mundo.

En nuestro país tenemos aire puro para respirar, tenemos agua limpia para beber, contamos con alimentos sanos para nutrirnos bien, el 25% del territorio nacional comprende parques nacionales y áreas protegidas, contamos con riquezas en biodiversidad, y en la zona marítima los tesoros son innumerables e incluso desconocidos.  Basta con voltear la mirada al patio de nuestras casas para encontrar riquezas naturales y además nos gloriamos de un sistema educativo y democrático de primera línea.

Aprovechemos como ciudadanos de este terruño para cuidar y educar a nuestros pequeños terrestres sobre el planeta en que viajamos, utilizando como laboratorio nuestro alrededor, independientemente de los tratados que firmen o rechacen otras naciones, independientemente de la actitud positiva o negligente que tomen nuestros vecinos, y de seguro, que cuando se hable de la década de los veintes, seremos un referente de orgullo por haber trazado una senda para la protección no solo de nuestro ambiente, sino del entorno mundial.

 

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