Un amor irrenunciable

“Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.” Proverbios 31:28-29.

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Un amor irrenunciable
Grethel Quesada Quesada

Una fecha muy importante para muchos y muchas costarricenses; el día de las madres. Desde épocas de antaño, hemos visto a las madres como heroínas incondicionales, que aman desmedidamente a sus hijos y realizan sus vidas en función del bienestar de ellos. Al pasar el tiempo, y con el afán de apoyar y ayudar a las mujeres a desarrollarse, cuidarse, emprender nuevos retos y crecer en el ámbito social, educativo y laboral; se nos ha enseñado lo importante que es ampliar nuestros horizontes y abarcar integralmente todas las áreas de nuestra vida sin dejar por fuera alguna.

Dichosamente, hemos aprendido que somos capaces de mucho más de lo que los prejuicios sociales dicen y eso es maravilloso. Insto a las mujeres a seguir adelante realizando todos sus proyectos y disfrutando su maternidad al máximo también.  Lamentablemente, este impulso al desarrollo femenino, algunas mujeres lo han malinterpretado y lo han visto como un “permiso” para olvidarse de su maternidad.

Tengo el privilegio de trabajar en un lugar donde el bienestar social de los niños es prioridad y con mucha tristeza veo cada día más y más niños abandonados, madres y padres negligentes o despreocupados, abuelitos corriendo con sus nietos pues sus hijos o hijas los abandonaron, niños retirados de sus hogares por abusos y maltratos brutales; en fin, es evidente que muchos padres han olvidado la sublime labor paternal con el fin de vivir sus vidas en una libertad egocéntrica y vacía.

La Biblia dice: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” Isaías 49:15 RVR1960. ¡Qué triste pero sí sucede! En esta vida, las relaciones van y vienen, los trabajos empiezan y terminan, las amistades nacen y mueren, sin embargo, el ser madre es una labor de por vida, un compromiso que se acaba el día en que morimos.

Si tú eres de esas madres abnegadas, que trabajan, emprenden, se cuidan así mismas y aman a sus hijos profundamente, ya sea que seas madre biológica o por decisión al adoptar, permíteme felicitarte grandemente en este tu día, eres ejemplo a seguir y necesitamos más mujeres como tú.

Pero, si por el contrario, eres una mujer que ha dejado sus hijos olvidados por seguir sus propios anhelos, ensimismada en sus deleites y deseos egoístas, por favor recapacita; nunca es demasiado tarde para arrepentirse de un mal proceder y cambiar de dirección. Los hijos son herencia de bendición, no una carga; ellos son la perpetración de nuestra civilización y el futuro de todo el mundo. Veámoslos como lo que son: lo más preciado que tenemos en nuestro haber y amémoslos intensamente, sin olvidar que también somos mujeres con sueños y metas; ten por seguro que con amor, dedicación y esfuerzo podrás lograr todo lo que te propongas junto a tus pequeños, ellos, de seguro, disfrutarán esos triunfos contigo y serás un ejemplo vivo para ellos.

Si aún no lo has hecho, acepta y asume tu maternidad comprometidamente y vívela feliz en todas sus facetas. Y si eres una de esas mamás modelo, dignas de ser admiradas, por favor enséñale a las madres de las nuevas generaciones a amar profundamente el fruto de sus entrañas; sí así lo haces muchos dirán de ti: “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.” Proverbios 31:28-29.

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