Eres lo, que lees

27 febrero, 2019 6:16 am

Imagen ilustrativa tomada de http://ligeleerdisfrutar.blogspot.com/2015/11/


Pastora Grethel Quesada Quesada
grethelquesadaq@hotmail.com

Según el sitio web “Actitud Fem”, leer posee al menos diez beneficios. Entre ellos, aumentar el vocabulario, utilizar más y mejor el cerebro, conseguir adoptar mejores y más saludables patrones de sueño, disminuye en un gran porcentaje el riesgo de padecer Alzheimer, aumenta y mejora la concentración, da apertura a nuevos y más interesantes temas de conversación, estos serán más amplios e inteligentes; mejora la memoria, es un entretenimiento económico, reduce el estrés y  ayuda a desarrollarnos social y emocionalmente mejor.


El cerebro requiere ejercicio para mantenerse sano y activo y la lectura constante y disciplinada le suministra esa actividad para fortalecerlo. En la actualidad, la tecnología trata de evitarnos todo tipo de esfuerzos mentales, tanto así que incentivar a la juventud a leer es todo un reto. Cuando dejamos de leer, poco a poco le vamos delegando el control de nuestra vida a máquinas “inteligentes” para que hagan nuestra labor cerebral y nos eviten el ejercicio neuronal. La televisión nos cuenta las historias sin esforzarnos mucho, los teléfonos o las computadoras nos leen los libros (audiolibros), en las conferencias nos salvan del engorroso trabajo (según piensan algunos) de tomar notas pues nos suministran diapositivas coloridas las cuales podemos fotografiar sin problema, etc…

A través de los años he visto como astutos manipuladores comerciales y religiosos se aprovechan de la falta de conocimiento o malicia de personas con poco estudio o con poca disciplina para leer (las sectas religiosas nacen precisamente de hombres manipuladores que someten a gente que no lee a conciencia la Biblia). Al pasar de los tiempos, hombres y mujeres han inventado grandes y muy creíbles mentiras amparándose en la ignorancia de las masas, solo unos cuantos lectores fieles y autodidactas logran detectar el engaño ya que su bagaje cognitivo es amplio y no son fáciles de envolver.

El leer constantemente trae salud y nos mantiene a salvo de los depredadores de la mente y del corazón. En la antigüedad, muchos pueblos veían la lectura como un acto primordial y transferían esta práctica generacionalmente con el fin de establecer un legado; Josué 8:35 dice: “Cada palabra de cada mandato que Moisés había dado se leyó a todos los israelitas reunidos en asamblea, incluso a las mujeres, a los niños y a los extranjeros que vivían entre ellos.”  

Como familias, éste es un hábito que nos urge poner en práctica, no podemos permitir que la ignorancia por la falta de la lectura intencional y constante, convierta nuestros hijos en títeres de los que manejan mayores conocimientos. Algo importante que debemos tomar en cuenta es que, es tanto el poder que tiene la lectura en un ser humano, que llegamos a reflejar lo que leemos; es decir, si acostumbramos a leer la Biblia, historia, cultura, arte, etc; lo reflejaremos en nuestro vocabulario, reacciones, relaciones interpersonales y hasta en la toma de decisiones;  por el contrario, si acostumbramos a leer “basura” materialista, vana, sexista, vacía, superficial, etc, al fin de cuentas nos convertiremos precisamente en eso que leemos.

Hay dos frases célebres que me parecen muy acertadas: “Lee y conducirás, no leas y serás conducido.”  Teresa de Jesús; y “La lectura hace al hombre completo, su conversación ágil y su escribir preciso”. Sir Francis Baco. Abre tu mente a la lectura, disfruta la pasión de vivir muchas historias escondidas en las páginas viejas de un libro. Adquiere conocimiento nuevo y ejercita tu mente, nadie puede leer un libro y salir ileso del proceso; leer te hace ver el mundo desde perspectivas más elevadas y entenderás la idiosincrasia y la cultura de forma distinta. No te prives de leer; date el gusto de escudriñar a través de la lectura, analizar a profundidad lo aprendido y realizar tu propia opinión al respecto; quién no lee, está bajo la completa sumisión de las ponencias procesadas por otros.

¡Libérate!.

Alina Cordero
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