Hijos de todos y de nadie.

20 noviembre, 2018 8:10 pm

Grethel Quesada Quesada grethelquesadaq@hotmail.com

Esta sociedad moderna trae consigo muchos cambios. En algunos casos, esos ajustes han sido de bendición; por ejemplo: mujeres que salen del retraimiento emocional, paradigmas machistas y hasta de la agresión para convertirse en mujeres empoderadas, listas para desarrollar sus negocios propios, ocupando altos cargos jerárquicos en empresas de renombre, trayendo sustento y seguridad financiera a su hogar; mujeres que cambian la mentalidad de la sociedad haciéndose ver y oír en un mundo lleno de prejuicios femeninos; eso es parte del progreso necesario de la humanidad.

Cambios como estos, llevan a la gente a reevaluar sus prioridades al igual que los roles familiares. Cuando estos ajustes se hacen pensando en el bienestar de la familia en general, es maravilloso que todos se involucren con todos y asuman sus responsabilidades con compromiso, sin dejar de lado el desarrollo y la superación de cada miembro individualmente; pero cuando el éxito, satisfacción y ego personal de cada quién se vuelve lo más importante de atender, por lo general los hijos son los que terminan pagando la factura más cara. Tener hijos representa un ajuste abrupto en el estilo de vida. Éste cambio requiere un compromiso serio en aceptar y amar la labor de ser padres, involucrarse de lleno en la tarea, compartir las responsabilidades y desarrollar toda una logística familiar tal que nos permita hacerlos a ellos prioridad sin abandonar nuestros sueños personales.

En esta sociedad líquida, materialista, volátil y hedonista, en algunos casos, tanto hombres como mujeres dan por sentado su paternidad, participando como tales de una manera sumamente superficial y básica, inclusive abandonando sus hijos aunque los tengan a la par. La Biblia dice en Salmo 127:3 “He aquí, herencia de Jehová son los hijos, cosa de estima es el fruto del vientre”. Una herencia se estima, se asume con agradecimiento, responsabilidad y amor; se cuida, se invierte en ella, se le atiende, se le prepara para que fructifique; una herencia no se abandona, no se desestima o se deja por ahí perdiéndose.

¿Qué valor le das tú a tus hijos? ¿Es más importante realizarte profesional y económicamente que ser padre o madre? Cuando la realización personal o el deseo de satisfacción propio de los adultos esta por encima del valor de los hijos, estos terminan siendo hijos de todos porque la destrozada sociedad en las calles los asume y maleduca y terminan siendo hijos de nadie porque la ausencia emocional y espiritual de los padres los hace huérfanos del alma.

Revalora tus afectos, determina prioridades y estima lo que realmente debe ser altamente estimable.

Alina Cordero
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