Pienso, luego existo…y ¿qué realizo?

3 febrero, 2019 10:21 am

Grethel Quesada Quesada grethelquesadaq@hotmail.com

El ser humano siempre anda en búsqueda de creer en algo o en alguien; por más apático que sea a las religiones o filosofías, inevitablemente llegará a un punto en el que deberá afianzarse a un pensamiento en el cual fundamentar su estilo de vida.

Hoy día, existen muchas ideologías que venden creencias tales como las siguientes: El hedonismo: que es la búsqueda del placer y la satisfacción como foco principal de la existencia. El racionalismo: que  indica que todo es relativo, que no hay verdades absolutas y que depende de la interpretación de cada quien, que las opiniones más apegadas a la realidad son las más aceptables. El humanismo: que afirma que las cualidades del hombre están por sobre todo lo existente. El Taoísmo: con su principal elemento representativo, el Yin y el Yang, que considera que todo lo malo tiene algo de bueno y todo lo bueno tiene algo de malo… y la lista es interminable.

Estas ideas inventadas y enseñadas por hombres relevantes, postulan sus estatutos buscando establecer una ética prudente para enseñarnos a conducirnos en el mundo. Como personas y seres sociales que requerimos tener una moral sana, necesitamos una regla de medición adecuada con el fin de evaluar lo bueno y lo malo y así, sujetarnos a esas disposiciones para tener una buena vida. Estas filosofías desean darnos un punto de equilibrio para discernir lo correcto de lo incorrecto, sin embargo, siempre llegan a un punto ciego en el cual dejan desprotegido algún aspecto importante de la humanidad.

Podemos buscar muchas alternativas de pensamiento para justificar nuestras maneras de conducirnos, pero ninguna idea que deje espacios permisivos a la inmoralidad, a la amoralidad o a la doble moral,  es una ideología apta para seguir.

Toda idea que fomente o justifique en alguna medida la inmoralidad sexual, el vicio, el deseo de complacernos en todo sin preocuparnos por el bien ajeno, en que se haga mi voluntad sin importar la opinión de otros, que defina que en lo destructivo o dañino hay algo de bueno,  etc; es viable para establecer como regla de vida, sino que es simplemente una excusa científicamente enmascarada para hacer “lo que me da la gana”.

 Si decidimos establecer como una manera de pensar el creer que toda opinión es válida,  indistintamente sea esta congruente con el bienestar humano o si lo afecta negativamente, estaríamos pensando igual que muchos dictadores que por tiempos indefinidos, han dañado a la humanidad con terribles crímenes creyendo que hacían o hacen lo correcto. Tampoco podemos hacer del narcisismo nuestra manera de vivir ya que la convivencia sería insoportable e inexistente.

 Si avocamos nuestras fuerzas a buscar una vida de placer a toda costa, los problemas no se harán esperar y el final será muy triste; o si consideramos excusar actos de violencia o corrupción asegurando que en todo lo bueno hay algo malo y viceversa, nos enfrascaremos en una ideología tan ambivalente que con facilidad nos llevaría a justificar mucho mal.

Volviendo a 1 Corintios 10:23, podemos pensar y hacer muchas cosas pero: ¿Me conviene pensar y actuar así? ¿Las ideologías que albergo como mis verdades personales son de bendición para mí y para los que me rodean? ¿Cómo puedo establecer una medida moral adecuada para poder desenvolverme y a la vez educar a mi familia en ella?

René Descartés, filósofo francés, fue quien dijo la frase “Pienso y luego existo”, estaba convencido que la opinión y la experiencia común de la humanidad no eran confiables para buscar la verdad, así que había que buscar un nuevo sistema para encontrarla.

 Descartés era matemático y buscó su fórmula para resolver su conflicto de pensamiento, pero, ¿Cuál es el método o la fórmula para resolver eficientemente nuestros conflictos de pensamiento y moralidad a nivel social? Afortunadamente tenemos una herramienta que nos puede ayudar y que tiene toda clase de reglas sociales que, el que le sigue, logra tener una vida muy satisfactoria. Quien se rige a través de ella, logra establecer una regla moral que, nos evitará un sin fin de problemas en la vida y nos ayudará a tomar decisiones de la manera más sabia y productiva. Esta herramienta, la más antigua de todas, es la Biblia. 

El conocimiento ha aumentado mucho y la información está al alcance de un “Click”; con una simple  búsqueda cibernética podemos encontrar miles de creencias, pero todas insuficientes para hacerlas propias. Piensa bien primero en lo que te conviene a ti y a tu familia aunque tengas la libertad de hacer lo que quieras, aférrate a un manual de vida que te genere paz y no problemas, luego, decídete a existir de acuerdo a lo que has creído y vive tranquilo.

La Biblia dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.” 2 Timoteo 3:16 NTV. Dale un vistazo, no te arrepentirás.

Alina Cordero
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