Literatura Regional: Una pizca de Esperanza

6 octubre, 2018 6:14 pm

Aleida Mora Mitre

Ciudadela 22 de Octubre, Ciudad Neilly

Una tarde de verano, doña Esperanza y su linda familia de un hermoso paseo venían,

de observar el campo, las flores, escuchar el agua y el susurrar del viento.

Alegres todos hablaban, cómo habían pasado felices el tiempo.

 

De repente en el amplio camino a un escarabajo divisaron,

con su enorme cuerpo abriendo paso venía que sin más ni más pasar esperaba.

Doña Esperanza y su familia en su transporte iba,

sobre una hermosa Oruga de verde color que guiaba su hija, una mariposa multicolor,

a fin de dar paso a aquel inmensurable amigo,

a un lado del camino a la Oruguita apartó,

siendo que en el intento a un hoyo fue a dar

y una de sus patitas en el fango quedó.

y por más que lo intentó no la pudo sacar,

don Escarabajo que sin siquiera volver a ver, el lugar abandonó.

 

Muy ofuscada, doña Esperanza refunfuñaba, por aquel incidente,

mientras ella de aquí para allá caminaba sin saber qué hacer.

Mientras llegaron las hormigas, que de un gran partido de fútbol venían.

por ahí se acercaron los grillos, las luciérnagas

y otros amigos que sin dudar ingeniaron un plan.

 Todos como hermanos a la hijita de doña Esperanza se acercaron,

para a la Oruguita  su transporte del fango sacar.

 

 ¡Uno, dos, tres!, todos a la vez y ¡ zaz!,

 con gran gozo y solidaridad su meta consiguieron.

Todos felices aplaudieron y se abrazaron,

pues sin pensarlo dos veces a sus hermanos ayudaron.

 

Seguía doña Esperanza atribulada, ¡bla bla bla!, de aquí para allá caminaba

tratando de explicar, la actitud desconsiderada de aquel escarabajo.

De repente doña Esperanza un jalón sintió,

 inclinando su cabeza hacia abajo miró,

era una linda Mariquita, que con su vocecita le susurró,

¡tranquila señora!, mira a todos los que sin llamar vinieron

y su hijita, la bella mariposa ayudaron

 que por la desconsideración de aquel escarabajo,

por querer pasar y sin mirar, a la Oruga su transporte en el fango refundió.

 

Doña Esperanza entonces se calmó y aquel bello espectáculo miró,

amistad y solidaridad llenaba el lugar

quedando sin palabras, comprendió,

por el mal actuar de uno, otros cien estarán prestos a ayudar.

 

Siendo así, doña Esperanza aprendió que de nada vale mirar un error,

cuando hay tantos que una mano amiga estarán dispuestos a dar.

 

Aquí no hay colorín colorado,

porque esta historia continuará

mientras en el mundo muchos como tú

estén dispuestos a dar un segundo de solidaridad.

Lia

Alina Cordero
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