LA VOZ DEL EDUCADOR – Opinión

13 noviembre, 2018 9:15 pm

Rafael Ángel Sibaja Chavarría

Ex Director Regional de Educación Pérez Zeledón

rafa@gruposiba.com

Decía algún filosofo “que la educación es el arte de las artes, la ciencia de las ciencias, por lo tanto, el educador es el alma del proceso educativo”.  El educador es el que hace la diferencia en la calidad de la educación. Los instrumentos, los materiales, son herramientas que brindan una mayor oportunidad, pero el artista, que moldea el alma de los niños y jóvenes, a quien la sociedad ha puesto en sus manos los más preciado, los niños, para que forme los ciudadanos del futuro, es el educador. Por esa razón el amor a la profesión y a sus estudiantes será insustituibles, en el corazón de un buen educador.

Indiscutiblemente, el Educador tiene el deber, la obligación y el derecho de levantar su voz, en defensa de los más desprotegidos, en defensa de las injusticias sociales, en defensa de una educación humana y de alta calidad, en defensa de los derechos de sus estudiantes, levantarla por aquellos hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos que no tienen la posibilidad de hacerse escuchar.  Además, debe defender con todas sus fuerzas, su propia dignidad, esa dignidad que resulta de su libertad, de la libertad de pensar y actuar, para lo cual debe ser un estudioso de los avances de la tecnología, del cambio de paradigmas, de la filosofía, de las transformacionales sociales, de la economía del Estado, pero fundamentalmente la evolución de los sistemas educativos, de las necesidades de los niños y de los jóvenes estudiantes.  Es decir, la esencia misma del buen educador, radica en su riqueza cultural. Debe ser una persona culta y estar dotada de una inquietud intelectual, no tan solo en lo que se refiere a su especialidad, sino también en lo que respecta a la totalidad del vasto y complejo mundo del conocimiento.

El educador debe estar muy bien informado. Por esa razón, es necesario que seleccione muy bien sus canales de información, de tal manera que, siempre pueda comunicar a sus estudiantes, a los padres de familia, a la comunidad y a la sociedad en general, la información más cercana a la realidad del acontecer mediático y de las proyecciones del futuro  de la Nación,  teniendo en cuenta que, precisamente es para ese mundo que prepara a sus estudiantes.

Es necesario que el educador pueda procesar varias fuentes de información, y así construir su propio conocimiento; y aplicando la inteligencia, tomar una actitud positiva, que le permita diferenciar entre los intereses particulares y la búsqueda del bien común. Debe tener un gran cuidado para no caer en la trampa para defender los privilegios de unos pocos afectando las mayorías.

La educación debe ser la herramienta para la movilidad social, tiene que buscar como formar una sociedad más solidaria, entendiendo la solidaridad humana, como una forma de ser, pensar y actuar. El mundo cambia y los educadores tienen la gran responsabilidad de prepararse permanentemente para ese cambio.  

Costa Rica, cercana al bicentenario de vida independiente, se enfrenta una revolución social y económica, en donde se definirá la nueva forma de actuar del ser costarricense.

Los modelos tradicionales, para el desarrollo ya están agotados, urge una nueva reforma social y económica, si se busca una mayor justicia de inclusión social. Por esa razón creo que los educadores, quienes desarrollan la profesión más noble de la humanidad, quienes tienen en sus manos los destinos de la Patria, deben realizar análisis mucho más profundos de la realidad nacional y levantar la voz por una verdadera modificación de paradigmas.

Recuerdo que en mil novecientos setenta y cuatro los educadores nos opusimos fuertemente al Plan Nacional de Desarrollo Educativo presentado por el señor Ministro de Educación Uladislao Gámez  Solano. Motivados por la Asociación Nacional de Educadores, ANDE, nos vendieron la idea de que si el plan era aprobado, los educadores deberíamos trabajar todo el año por los mismo salarios y que en términos generales el plan era malo para el sistema costarricense. Cerramos escuelas y colegios, realizamos marchas y el Plan se sepultó y con ello la educación de Costa Rica se atrasó 20 años o más. Luego de estudiarlo, muchos reconocimos el error que cometimos.

Espero que cada educador haya realizado un análisis profundo del Proyecto de Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, para que luego no tengan el dolor de atrasar el desarrollo del país o llevarlo a una situación muy difícil, en donde sin duda alguna, los más afectados serán los que menos tienen.